Es difícil cuantificar de qué se ha hablado más durante la semana pasada: de la victoria de Alexis Tsipras en Grecia, de su pacto con los nacionalistas conservadores o del hecho de que haya formado un gobierno sin una sola mujer.
También es difícil cuantificar cuál de las tres cosas se ha criticado más pero, dejando la ideología aparte, al menos una de las tres sí parece tener una crítica justificada: ¿de verdad Tsipras no ha encontrado a una sola mujer que merezca, por méritos propios, sentarse en su consejo de ministros?
Los más dispuestos a criticar la victoria de Tsipras lo han tenido fácil con ese arma en sus manos. Ahora bien, y por comparar con Grecia, ¿cómo de integradas a la vida política están las mujeres en otros terrenos?
Hace unos días Gloria Rodríguez Pina mostraba en El Huffington Post algunos gráficos muy ilustrativos al respecto: sólo en Finlandia y Suecia hay más mujeres que hombres en el Gobierno, mientras que en Francia y Holanda hay gobiernos paritarios. Los otros 23 miembros de la UE son marcadamente masculinos, llevándose la palma la ya mencionada Grecia, Hungría o Eslovaquia, donde no hay mujer alguna en sus gobiernos.
La perspectiva se vuelve más demoledora aún si se mira a los Parlamentos, ya que en ninguno de los 27 hay más mujeres que hombres (incluso en algunos la tasa de mujeres no llega ni al 10%), o si se miran los órganos comunitarios: sólo hay un 18% de mujeres en el Consejo Europeo, un 32% en la Comisión Europea y un 37% en el Parlamento Europeo.
Las cifras, según los citados gráficos, tienden a acortarse legislatura a legislatura, reduciéndose el número de hombres y aumentándose el de mujeres, pero queda aún mucho queda por recorrer
El caso español
Dejando al margen el debate sobre si los cupos de sexo son aceptables o no, en la breve tradición democrática española tampoco salimos bien parados en materia sexual: de las 191 personas diferentes que se han sentado en un Consejo de Ministros desde que arrancó la democracia, sólo 38 han sido mujeres (o, lo que es lo mismo, poco más de un 20%). Una de cada cinco.
La primera en lograrlo fue Soledad Becerril, entre los años 1981 y 1982, bajo gobierno de UCD. Fue la primera y la única en una década, porque tras su salida del Gobierno con la victoria de los socialistas, se cumplió una especie de maldición: hasta 1986, diez años después de iniciada la Transición, no hubo otra mujer en el Gobierno.
La parte buena: que de las once legislaturas vividas (contando la Constituyente), sólo ésta y la segunda funcionaron sin mujer alguna en el salón de Moncloa.
Lo importante, en cualquier caso, no es sólo cuántos cargos se ocupa, sino también qué importancia tienen esos poderes. Por ejemplo, ninguna mujer ha sido hasta ahora presidenta del Gobierno, ni tampoco ministra de Interior. Sí ha habido (y hay) vicepresidentas, ministras de Justicia, de Economía o de Defensa. Pocas, eso sí, comparadas con Cultura, Educación o Asuntos Sociales.
Agrupando los mandatos, de nuevo sale que el segundo del PSOE fue el más favorable para las mujeres, aunque destaca por ejemplo que el primero del PP fue mejor que el primero del PSOE a pesar de estar sólo dos legislaturas comparadas con las cuatro de los segundos.
En lo que respecta a los partidos, el PP de José María Aznar fue el primero en llenar de mujeres el Consejo de Ministros, pero no fue hasta José Luis Rodríguez Zapatero cuando se dio una mano derecha femenina, siendo María Teresa Fernández de la Vega vicepresidenta, portavoz y ministra de Presidencia a la vez. Años después, y ya bajo gobierno del Partido Popular, Soraya Sáenz de Santamaría repetiría cargos.
Ellas dos han sido las mujeres más poderosas que ha conocido nuestro país en lo que se refiere al Poder Ejecutivo. En el lado contrario, sólo nueve mujeres han sido nombradas más de una vez en el Consejo de Ministros (es decir, han repetido, ya fuera en el mismo cargo o en otro).
Atendiendo a la lectura por partidos, es el PSOE el que ha contado más con las mujeres cuando le ha tocado gobernar: los presidentes socialistas han nombrado hasta ahora 39 veces a alguna mujer para que se integrara en el Consejo de Ministros, por las 18 del PP y una única por parte de UCD.