Elecciones andaluzas: el bipartidismo no estaba muerto, estaba de parranda

Las elecciones andaluzas eran la primera piedra de toque electoral tras la irrupción de Podemos y Ciudadanos en las europeas de hace casi un año. El test queda en empate: siguen siendo influyentes, pero no determinantes. El bipartidismo respira. De momento.

 

Hace diez meses saltaron las alarmas del sistema: el bipartidismo se tambaleaba y dentro de sus grietas se veía un riesgo de derrumbe a corto o medio plazo. Muchos señalaron como motivo de esa alarma los cinco eurodiputados que sacó entonces Podemos, pero en realidad estaban tapando el sol: la alarma saltó porque PP y PSOE juntos no llegaban a la mitad de los votos escrutados.

Aquellos cinco escaños eran apenas el 10% de los 54 que se jugaban, pero sirvieron para crear un hype político que se ha ido moldeando desde entonces hasta ahora, de plató en plató y de portada en portada. Nunca un partido extraparlamentario había llegado a estar en boca de una vicepresidenta del Gobierno en una rueda de prensa tras el Consejo de Ministros.

Lecturas en clave nacional

Andalucía, claro, no es España. Pero tampoco las europeas eran las generales, porque para empezar no comparten ni sistema electoral. El mensaje que sale de estos comicios no es uno, sino que son muchos, pero una melodía suena más fuerte que otras: sí, el Parlamento andaluz será más plural que nunca con cinco fuerzas políticas; sí, Podemos pasa de cero a quince y Ciudadanos de cero a nueve; sí, un 22% de los escaños pertenecen a partidos ‘nuevos’. Pero en política muchas veces parece cambiar todo para que, en realidad, nada haya cambiado.

Podemos tiene 15 escaños e irrumpe como tercera fuerza, pero ese era en rango de escaños que tenía IU en Andalucía hasta la década pasada (con un máximo de 20 en 1994). Ciudadanos tiene 9 escaños y sorprende como cuarta fuerza y llave de gobierno, pero también el Partido Andalucista llegó a tener ese lugar (con diez escaños en 1990). Ni con IU ni con PA pensó nadie que el sistema se tambaleaba

Claro, pero IU y Partido Andalucista no serán tan influyentes en el conjunto de España como se supone que Podemos y Ciudadanos. Entonces comparemos las cifras con los dos del bipartidismo: el PSOE tiene más del triple de diputados que Podemos, y el PP -el del derrumbe- más del doble. Si la comparación es con Ciudadanos hablamos de cinco veces menos y casi cuatro veces menos que PSOE y PP, respectivamente.

Visto en global parecería que los grandes contendientes siguen siendo los mismos, y que lo que cambian son los comparsas que, eso sí, están más fuertes: quita a IU y PA de los ’90 y pon a Podemos y Ciudadanos, quítale escaños al PSOE y dáselos al PP, y el Parlamento andaluz parece aquel de los ’90.

El ‘uno a uno’ de los partidos

El gran triunfador de la noche es el PSOE. O, mejor dicho, Susana Díaz. La presidenta andaluza y lideresa socialista por fin medía su poder con unas urnas, y los sondeos le daban como ganadora… aunque no con tanta holgura. Ni los ERE ni el llevar gobernando en la región desde la Transición han hecho mella suficiente como para desalojar al PSOE a los mandos de Díaz.

Basten dos datos para ilustrar lo importante de lo conseguido. El primero es que repite número de diputados: los mismos 47 que en 2012 supusieron una victoria pírrica contra el pujante PP ahora suponen una gran victoria en un Parlamento con más fuerzas políticas, y más fuertes. El segundo, que el PSOE ha ganado en siete de las provincias, todas salvo Almería, cuando hace tres años el PP se hizo con cinco y dejó a los socialistas sólo Huelva, Jaén y Sevilla.

El gran perdedor de la noche es el PP, que puso a un candidato joven y desconocido después de seis legislaturas con Javier Arenas y Teófila Martínez. Han pasado de 50 agridulces escaños que les dieron la victoria pero no el gobierno a 33, con un derrumbe de medio millón de votos.

Parece evidente que el desgaste del gobierno central ha pesado más que el desgaste del gobierno regional, y que el ‘momentum’ pasó. Contra una candidata carismática y ascendente no ha valido el discurso de corrupción estructural que, visto lo visto, parece haber molestado más que movilizado. Desde 1990 no había un resultado tan malo para los populares

En medio, los demás. Podemos es la tercera fuerza y podría sumar para gobernar, pero parece poco probable que lo haga. Esperaban más, porque eran el hype de moda, y eso hace que los resultados parezcan poca cosa. No lo son. Ciudadanos es la cuarta fuerza y podría sumar para gobernar, y si no lo hace al menos parece que no restará para que los socialistas lo hagan. Son el nuevo hype de moda, y con casi la mitad de escaños que los de Iglesias parecen mucho más contentos. La política, al final, es más una cuestión de sentimientos que de resultados.

Tras las grandes batallas la cámara siempre se detiene en los derrotados que firman el armisticio, pero no siempre en los derrotados que quedan fuera del plano por su rango menor. La debacle de IU en uno de sus feudos tradicionales es más que preocupante para ellos. El discurso jornalero, la vieja guardia pretoriana de los ancestros comunistas, parece haber quedado definitivamente desplazada de la retórica política andaluza. Ya pasaron una travesía en el desierto similar entre 2000 y 2012, con seis diputados, pero entonces no estaba ahí Podemos para hacer lo que ellos no han sabido hacer: evolucionar.

Y, detrás de todos ellos y fuera del Parlamento, UPyD, un partido que iba para hype pero se quedó congelado en el tiempo político. Ha perdido más de un tercio de los votos que tenía, y augura un futuro difícil a la sombra de Ciudadanos, que les ha comido la tostada como Podemos a IU.

Ahora el foco pasa por las autonómicas y municipales de mayo. El PSOE sale fortalecido, el PP tocado, Podemos moderado y Ciudadanos emergente. Si el bipartidismo eran IU y UPyD entonces sí, definitivamente los ‘nuevos’ han podido con ellos. Pero si el bipartidismo eran PSOE y PP entonces aún quedan muchos partidos que jugar para poder disputarles el campeonato.