José María Aznar y Wilfried Martens en un acto de FAES (Fuente: Wikimedia Commons)
José María Aznar y Wilfried Martens en un acto de FAES (Fuente: Wikimedia Commons)

El curioso caso de FAES: el think tank que puede acabar convertido en lobby

No sería la primera plataforma que daría lugar a un partido político. En contra de la fama que les precede, los think tanks no son necesariamente ‘buenos’ y los lobbys ‘
malos’.

 

En las series y películas con trasfondo bélico es habitual ver en las bases de los ejércitos un cubículo reservado a los líderes militares en el que, desplegando un mapa y figuras que simulan tropas, planifican de qué forma atacar o resistir un ataque. Ese espacio es el que, según la tradición militar que antecede muchas veces a la lógica política, da nombre a los think tanks. En castellano, sin embargo, la traducción tiene tintes algo más prosaica: laboratorio de ideas.

Uno de esos militares de mapas y figuritas fue Henry H. Arnold, que liderara el Ejército del Aire de EEUU durante la Segunda Guerra Mundial, y bajo cuyo mando tuvieron lugar muchas de las operaciones en el flanco occidental europeo y en el frente contra Japón. Cuando la guerra terminó y empezó de nuevo la política él dio un paso similar: puso en marcha la RAND Corporation, considerado como el primer think tank de la historia.

España no es un país especialmente prolijo en lo que a think tanks se refiere, pero los hay: desde ámbitos más progresistas despuntan Fundación Alternativas o Fundación Ideas, mientras en el sector liberal destaca el Instituto Juan de Mariana. Hay otros con vocación más internacional -FRIDE, CIDOB, el Grupo de Estudios Estratégicos, o el Real Instituto Elcano- y otros volcados en el sector empresarial y económico -FEDEA, el Instituto Estudios Económicos, o el Círculo de Empresarios-. La lista sigue.

Han pasado casi siete décadas desde el nacimiento de la RAND Corporation y otro general retirado, en este caso de los tableros políticos, empieza la batalla por su cuenta. José María Aznar acaba de desvincular el think tank más conocido de la política española del partido que le vio nacer, para oficializar poco después la ruptura separando del todo PP y FAES.

En esos setenta años que separan ambas figuras muchas cosas cambiado, por ejemplo la idea fundacional del concepto en el que ambos han trabajado. En esencia un ‘laboratorio de ideas’ es una organización sin ánimo de lucro que desarrolla y propone cuestiones ideológicas o programáticas: desde una posición concreta ante una reforma constitucional hasta una defensa de una política económica concreta, desde un modelo de Estado a una idea sobre la ley electoral. Se supone que un think tank no se ocupa de cosas concretas y cerradas, sino de visiones amplias que buscan una mejora social desde cierta ideología.

De todo ese censo de laboratorio de ideas españoles, ha habido uno con mayor presencia mediática que el resto, y es justamente FAES. Nacido en 1989, mucho antes de que le llegara la fama, partió como un think tank algo diferente porque sus propuestas no nacían para ser acogidas por los agentes políticos: FAES, como otras organizaciones modernas de este tipo, nació desde un partido concreto -el PP- con el objetivo de surtirles de ideas y secundar con estudios y análisis las propuestas electorales y políticas de la formación.

Sin embargo, como también ha pasado a muchos otros laboratorios de ideas, con el tiempo más que proponer ideas nuevas ha servido para dar empaque y defender las ideas del partido: justificar lo que se defiende más que contribuir a abrir nuevos debates, en definitiva.

Esas ideas defendidas por FAES y que han acabado sirviendo de palanca para su separación del PP se resumen en unos pocos puntos de sus estatutos: defensa de la unidad nacional, del liberalismo, de la economía de mercado y del centrismo político. Aznar y sus compañeros de fundación estimaban que el PP se había alejado de esas propuestas en su particular guerra interna contra su sucesor designado.

Pero no todos los think tanks nacen de partidos. Es más, los think tanks originales no nacen de partidos. Los hay que sí, y son enormes, como la Fundación Konrad Adenauer, auténtica evangelizadora de la democracia cristiana en Europa y responsable del nacimiento de varios partidos de ese signo en países como España. Pero en realidad suelen ser organizaciones supuestamente independientes que defienden ideas concretas. El mayor problema: la gran mayoría de ellas no aclara quiénes son sus valedores económicos, y por tanto a qué intereses sirven.

Los lobbys

No son, sin embargo, lo mismo que los lobbys. Mientras un think tank busca influir a nivel social (deslizan estudios en medios, argumentarios en tertulias y análisis en consejos de administración), los lobbys se encargan de defender intereses más concretos y -generalmente- vinculados a los negocios. Un think tank ecologista tendría líneas de investigación sobre el impacto medioambiental del trazado de una línea de alta velocidad. El gremio de gasolineras y empresas de autobuses intentaría dificultar el trazado o buscar compensaciones por el impacto económico que supondría a sus negocios.

Los primeros proponen ideas y dichas ideas son sus objetivos, los segundos persiguen objetivos mucho más tangibles que las meras ideas. Eso no quiere decir que los think tanks sean «buenos» y lo lobbys «malos». Las ONGs, por ejemplo, son un ejemplo de lobby: presionan para conseguir objetivos concretos en un ámbito, pero no intentan lograr cambios a nivel ideológico o político de mayor nivel más allá de la activación de una política concreta -el 0,7%, por ejemplo-.

Y por eso FAES es un ejemplo de un think tank que podría acabar convertido en lobby. Nacido como soporte ideológico para una perspectiva política concreta, su emancipación del PP le sitúa no ya como un grupo de presión interno -que era-, sino como quizá el germen de una nueva formación política. No sería el primer laboratorio de ideas, o plataforma social e intelectual que da lugar a la formación de un partido, como ya sucediera con UPyD o, en menor medida, Ciudadanos y Podemos.

Quizá el primer paso para saber a ciencia cierta si hay un espacio político a la derecha del PP es crear el clima ideológico necesario. Y nada como un think tank convertido en lobby para lograrlo.