Fuente: Terra
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25N: ¿Qué ha pasado en Cataluña y qué va a pasar ahora?

La política no es matemática, pero casi. CiU ha perdido 12 escaños, Esquerra ha ganado once. La estrepitosa caída de Artur Mas, que había pedido una «amplia mayoría» y se ha quedado con un puñado de parados en su grupo parlamentario tiene mucho que ver con un error estratégico de uno mismo. Traducido: Artur Mas hiló un discurso para los votantes de otros partidos, pero no para los del suyo.

El votante tipo de CiU no es necesariamente urbano, ni necesariamente liberal. Es catalanista, comerciante, acomodado sin elitismos, en algunos casos católico y en la mayoría de casos conservador. Lo que no ha sido nunca es independentista. El Govern de Mas, sin embargo, ha centrado su discurso en las ciudades, ha aplicado recortes económicos de línea liberal y, desde el congreso de Convergència de la primavera pasada, ha centrado su discurso en una carrera hacia la autodeterminación.

El resultado ha sido demoledor. CiU ha perdido más de 100.000 votos, no muchos comparados con las elecciones de 2010, pero teniendo en cuenta que la participación ha sido once puntos mayor que entonces se traduce en un derrumbe del 8%. A pesar de que Jordi Pujol, imagen del CiU clásico de toda la vida, se subiera al carro del referéndum nada se ha podido hacer. Más allá de Mas, el gran culpable del fracaso es Oriol Pujol, hijo del expresident y artífice del viraje soberanista de los convergentes, que se jugaron las elecciones adelantadas al doble o nada y han pedido.

Quienes más enérgicamente han pedido la independencia, quienes han llenado muchas manifestaciones antes de la Diada, han sido los votantes más jóvenes. ¿Son jóvenes los votantes de CiU? No, o no al menos tanto como los de Esquerra o las CUP. Mensaje erróneo a un público erróneo, por tanto.

La Cataluña que se dibuja en los escaños tras estas semanas de debate identitario es un 54,8% soberanista (CiU, ERC y CUP), un 24,4% federalista (PSC e ICV) y un 20,7% española (PP y Cs).

Pactos y otras lecturas

En su discurso tras conocerse los resultados, Mas ha dirigido un claro mensaje a «las otras fuerzas», con quienes va a intentar pactar porque, según sus palabras, sigue empeñado en «el proceso». Hasta tres fuerzas sumarían una mayoría absoluta si pactaran con CiU , pero sólo una suscribe ese proceso: la misma Esquerra que ha arrebatado al PSC la segunda posición en el espectro político catalán, soberanista como nadie pero radicalmente opuesta en lo ideológico a CiU, aparece como único socio factible.

Cualquier opción de pacto esconde peligros para CiU. Pactar con Esquerra generaría úlceras a muchos miembros de esa Unió que lidera Duran i Lleida. Pactar con el PSC rehabilitaría a Pere Navarro y abriría esperanzas para Rubalcaba en clave nacional de cara a las siguientes elecciones, pero viraría el debate hacia un federalismo que dista mucho de la autodeterminación. Pactar con el PP se antoja como algo abiertamente imposible.

La crisis ha hecho que Cataluña haya pasado en seis años de estar gobernada por un partido nacional y de ser un granero de votos socialista a ofrecer un Parlament mayoritariamente soberanista (CiU, ERC y CUP suman el 55% de los escaños). Cataluña, que ha capitalizado el debate independentista, queda sin embargo lejos del 64% de escaños soberanistas que hay en Euskadi (PNV y Bildu), pero apenas uno de cada cuatro catalanes ha votado a partidos nacionales. Y eso es sintomático.

La alegría sin paliativos se reparte en dos casas bien distintas. Ciutadans triplica sus escaños y gana el voto españolista que no se lleva el PP. Han conseguido fagocitar a UPyD, que ha vuelto a lograr una marca irrisoria (0,4%) pese a su fuerza creciente en el resto de España. Por cada votante al partido de Rosa Díez, dieciocho han votado a Albert Rivera. Por su parte las CUP irrumpen en el Parlament tras quedarse con tres de los cuatro escaños de Solidaritat.

En el resto de partidos todos tienen algún motivo para sonreír y alguno para llorar. El PSC ya no es la segunda fuerza y ha perdido cuatro puntos, pero salva los muebles frente al PP. El PP sólo ha podido ganar un 0,7% del voto pese a su enorme campaña gubernamental, pero ha batido el récord histórico de votos. ICV gana tres escaños y roza el 10% de los votos, pero queda relegada a ser una fuerza prescindible.

Cataluña, con un Parlament de siete partidos y una participación del 70%, ha encarecido sobremanera el ‘precio’ de sus escaños. Eso, añadido a su caída de un 30% en los votos, hace que los xenófobos de PxC se hayan quedado en apenas un 1,6% de los votos, mucho más lejos esta vez de obtener representación. Hay victorias electorales que son un poco de todos.