Victoria del PNV, récord histórico de la izquierda abertzale y serio retroceso de las fuerzas nacionales en Euskadi. Hasta ahí nada que no se pudiera esperar antes del escrutinio de los votos en las elecciones autonómicas vascas. Pero en los detalles está la historia de la noche electoral. No sólo es el primer mapa electoral exento de violencia, sino también es el primer mapa electoral completo en mucho tiempo, con todas las sensibilidades ideológicas legalizadas.
A grandes rasgos las primeras elecciones celebradas sin ETA en activo muestran un parlamento abiertamente nacionalista. De hecho, entre PNV y EH Bildu suman dos tercios del Parlamento vasco. Más que eso, si PSE y PP unieran sus escaños serían la segunda fuerza autonómica con los abertzales siguiéndoles de cerca. Poco más.
El mapa vasco cambia poco. Guipúzcoa, siempre más cercana al independentismo, se divide entre un PNV y un EH Bildu que empatan. En Vizcaya, feudo jetzale de siempre, el PNV duplica a EH Bildu. La mayor novedad la aporta Álava, la provincia más ‘nacional’ de Euskadi donde ahora el PNV gana y EH Bildu y PSE empatan a un escaño de distancia.
Ese resultado no es casual: tradicionalmente la izquierda abertzale siempre han sido mejores en épocas de treguas o negociaciones. Así sucedió, por ejemplo, cuando Euskal Herritarrok consiguió 224.001 votos, el 17.91% del total en el que hasta ahora era el récord de la izquierda abertzale en unas autonómicas. Entonces consiguieron 14 escaños. Hoy, tienen el 25% de los votos, un total de 276.989, lo que les supone ser la segunda fuerza de la Cámara con 21 escaños.
Récord en escaños, pero no en votos ni en porcentaje: Amaiur consiguió en las generales 284.528 votos , con el 24,12% y Bildu en las municipales del año pasado 276.134, con un 26,03%.
Las fuerzas nacionales se han derrumbado, especialmente a la izquierda: el PSE pasaría de los 25 escaños de 2009 a los 16 actuales, pasando a ser tercera fuerza. IU, partida en dos formaciones, desaparece del Parlamento Vasco
¿Es descabellado pensar que EH Bildu ha absorbido votos de fuerzas de izquierda nacionales? Posiblemente no tanto, sobre todo cuando vista la resurrección del PNV parece poco probable que hayan absorbido votos de los nacionalistas conservadores. Cierto es que el PNV pierde escaños, de los 30 que obtuvo en 2009 a los 27 de 2012, pero esos tres escaños de diferencia no bastan para explicar la irrupción abertzale.
El PP, por su parte, cae también. Desde los 13 escaños de 2009 a los 10 actuales, pero no sólo eso: son apenas la mitad de los 19 escaños que consiguió Mayor Oreja en 2001 ¿Puede este mal resultado suponer un problema interno para Rajoy en lo que a la gestión del fin de ETA? Aunque también supone la existencia de un foco nacionalista contra el que volcarse, a juzgar por los movimientos de los críticos, sí. Mientras el resultado gallego supone un punto de inflexión para los socialistas, quizá el resultado vasco abra un problema para los populares.
No en vano, desde poco antes de las últimas autonómicas el partido ha sufrido en Euskadi un importante cambio de nombres con el progresivo apartamiento de los ‘duros’: el exministro del Interior está ‘exiliado’ en Europa y María San Gil y Ortega Lara dejaron la actividad en 2008. Otra afín ahora alejada de la primera línea política, Esperanza Aguirre, aprovechaba esta noche para retomar la ofensiva que protagonizaron a cuenta de Uribetxeberria ante el presidente del Gobierno.
La clave será el futuro inminente: los pactos de Gobierno. El PNV tiene la llave para gobernar en el debut de un Íñigo Urkullu que ha lanzado mensajes soberanistas emplazando a un Euskadi «nación europea». La cuestión es saber cómo gobernará. Puede optar por hacerlo en solitario, ya que parece poco probable que EH Bildu logre apoyos como para tumbar sus propuestas o puede optar por acuerdos puntuales con PSE o EH Bildu.
La tercera opción es la del pacto estable. Podría ser un pacto de corte soberanista, con EH Bildu, que parece poco probable por las diferencias programáticas en lo ideológico. O podría ser con el PSE, lo que supondría un balón de oxígeno a los socialistas: ganarían peso en Euskadi a cambio de que el PNV tuviera un gobierno sólido… y podría ser el primer paso de un pacto de futuro entre ambas formaciones que podría tener su reflejo en Madrid. Urkullu, el debutante, es quien decide.