No deja de ser una apreciación personal, porque seguramente otros cambios serían tanto o más necesarios. Pero en una lista concreta de tareas a afrontar, una de las primeras que figuran en la cuenta del haber de este país es el fraude fiscal.
Para empezar, somos el país con mayor porcentaje de billetes de 500 de la UE a una distancia sideral del resto. Esto, además de por la supuesta actividad de mafias en zonas costeras de España, implica un intenso movimiento de dinero negro que si el Estado tuviera controlado supondría un importante montante en términos impositivos para sumar a las arcas del Estado.
Para seguir con la misma idea, somos un país con aproximadamente un 10% de población extranjera, de la que apenas la mitad están dados de alta en la Seguridad Social. Si esos dos millones de no europeos que trabajan en nuestro país estuvieran cotizando otra enorme suma de dinero aseguraría nuestro futuro.
Además, cuatro millones de personas cobran el paro, muchas de las cuales tienen otros ingresos que no declaran. Si el Estado fuera capaz de controlar que quienes perciban sus ayudas fueran realmente parados se atajaría parte del problema de dinero negro que sufrimos.
Ante la crisis se habla de recortar competencias de las Autonomías, centralizar España para ahorrar en instituciones públicas supuestamente duplicadas. Pero otra posible solución podría ser la contraria: apostar por el federalismo como continuación del modelo autonómico, algo que países como Alemania, o en un estadio más avanzado EEUU, han llevado a cabo con éxito.
Y eso sólo en lo que respecta a la economía: también sería necesaria una reforma educativa que potencie responsabilidad, la consecuencia de los actos que se eligen, el esfuerzo de los estudiantes. O cambios respecto a la corona, que se lleva el % de los Presupuestos cada año. ¿Quién se atreve?