(Fuente: Stan Honda - Getty Images)
(Fuente: Stan Honda - Getty Images)

La invasión de los miradores al infinito

Mírales, ahí están. Pidiéndote tu confianza. Más que eso: pidiéndote que venzas la apatía y el desencanto con la política y que, elección tras elección, salgas de casa a darles tu voto. Algunos lo hacen sin decir una sola verdad, otros sin cumplir una sola promesa. Pero hay que ser de una pasta especial para ser un auténtico ‘Mirador al infinito’.

Sí, esos candidatos que llenan carteles electorales con su cara en pose profética, queriendo un hueco en la historia, como por encima del resto. No es ‘La invasión de los ultracuerpos’, ni son ‘Los niños del maíz’ con su mirada perdida. Son políticos capaces de poner su cara en un cartel sin mirarte, mirando a otro sitio, un poco como hacia arriba, perdidos. Y en España tenemos unos cuantos.

Es una técnica de cartelería recurrente, centrada en la imagen del candidato. En muchos casos suelen venir con un ligero retoque fotográfico, normalmente para rejuvenecer, pero en algunos casos para envejecer al candidato y moldear así la imagen de frescura o experiencia según convenga. Denotan cierta alabanza a la figura del líder, y transmiten cierta impresión de ensimismamiento hacia lo trascendente (traducido: “paso de ti, soy más importante”).

Hay casos que se entienden como vestigios del pasado (como el cartel de la ultraderecha española), otros que van con un lema de campaña incomprensible fuera (el ‘Vuelve papá’ de Hipólito Mejía es el más llamativo) y hay algunos que son ya un símbolo en sí mismo (como Obama). Pero son, a su forma y en su medida, miradores profesionales al infinito. Echa un vistazo, ellos no te mirarán a ti.