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Borja Ventura

Viñeta sobre inmigración - Fuente: Autora: Flavita Banana
Fuente: Autora: Flavita Banana

📩 Más clasismo que racismo

La inmigración es el lugar común de la derecha, aunque con matices.

Sobre este artículo…

La derecha es mucho disciplinada que la izquierda a la hora de llegar a acuerdos, pero eso no quiere decir que no haya diferencias en planteamientos.

🤷🏻‍♂️ Punto uno: fuera del radar. “No se puede entender la victoria de Trump sin entender lo que los jóvenes hacen online”, rezaba un artículo de Vox.com meses atrás. En él se subrayaba la importancia de las ágoras de creación de opinión pública, que ya no monopolizan los medios tradicionales porque no son ‘de masas’. La forma en la que los oligarcas tecnológicos se han plegado a Trump da buena cuenta de que no se trata sólo de influencia, que también, sino de negocio. Cada vez más gente evita las noticias y acaba abrazada a fuentes ‘alternativas’. Sobre todo los jóvenes, los más digitales y los más permeables. Y las consecuencias no se ven sólo en EEUU: los datos muestran que la nueva ultraderecha, también española, es especialmente fuerte entre los chicos jóvenes: buscan reafirmar su identidad en tiempos de desconcierto.

Fuente: El País

🙅🏻 Punto dos: la divergencia. Pero los nacionalismos siempre acaban siendo incompatibles entre sí: aunque haya una internacionalización de lo ultra, sus intereses pueden chocar cuando se trata de decidir quién tiene la patria más grande… y los matices más pequeños. Igual que en EEUU eran previsibles las tensiones entre tecnólogos y tradicionalistas rurales, también en España hay diferencias entre quienes, por ejemplo, se abrazan al mito de la Hispanidad como ensoñación de grandeza imperial y quienes hablan de “hispanchidad” para criticar una supuesta sustitución étnica a manos de la inmigración latina. Unos son más clasistas que racistas -la inmigración rica, o blanca, les supone menor amenaza-, mientras que los otros son racistas a secas. No hay una ultraderecha, sino varias: la hay más moderna en lo moral, liberal, atea… y la hay intervencionista, religiosa y nostálgica militar.

Fuente: The Economist

👦🏼 Punto tres: la cantera. El caballo de batalla donde se une lo conservador, al que acuden jóvenes y perdedores de la globalización, es el miedo a que la inmigración amenace su forma de vida y diluya su identidad. Y mientras la derecha radical traza líneas inverosímiles que mezcla con el descontento por las las dificultades del presente y las incertezas del futuro, la derecha antes moderada monta con entusiasmo a lomos del debate. Varias derechas, pocos matices, la misma teoría del enemigo externo.

🤔 Uniendo los puntos. Esa ira, junto a la exposición ficciones conspiradores, crea un cóctel explosivo: respuestas sencillas a problemas complejos como placebo para la ira del desencanto. Y no, la violencia política no se da por igual a ambos lados de la polarización.

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