Pedro Sánchez (Fuente: Agencia EFE)
Pedro Sánchez (Fuente: Agencia EFE)

Sánchez tiene que elegir entre susto o muerte: pactar con Podemos o con Ciudadanos

El incierto resultado de las elecciones generales aboca a las fuerzas políticas a un escenario inédito: gobernar en minoría o gobernar pactando. Y en ese escenario Pedro Sánchez, pese a sus resultados, es el que más opciones tiene para considerar.

 

Pedro Sánchez ha conseguido, por dejadez de Rajoy, hacerse con la centralidad del tablero político. Mientras nadie -salvo quizá Ciudadanos- se plantearía pactar con el PP, todos -incluso el PP- negocian con Sánchez. Y no es porque el Rey le haya solicitado intentar formar Gobierno, lo cual es una formalidad, sino porque realmente puede hacerlo. Ojo, eso no implica que sea fácil conseguirlo, sino sencillamente eso: que Sánchez tiene capacidad de pactar.

Esa posición de centralidad del tablero implica, además, que puede hacerlo con más de uno. Sánchez puede pactar a izquierda, con Podemos, o a derecha, con Ciudadanos. La afirmación parece muy simple, pero no lo es: puede pactar con unos o con otros, no con ambos. España es un país de pinzas, e igual que Sánchez le ha dicho que no a Rajoy, Iglesias y Rivera se han dicho que no mutuamente.

Todo eso nos lleva al punto de inicio: Sánchez es quien elige a unos u otros. Y cada elección conlleva una serie de consecuencias, tanto en lo programático como en lo electoral. Dicho de otra forma: el PSOE tendría que suscribir una serie de cuestiones que quizá no estuvieran en su programa para hacerse con el apoyo de sus posibles socios, lo cual tendría consecuencias de cara a los siguientes comicios.

Un pacto de izquierdas

La primera opción es la de pactar con la izquierda. Es un escenario en el que se supondría el voto favorable de Podemos, sus confluencias, Compromís e Izquierda Unida y, según los términos, la abstención o apoyo de los partidos nacionalistas. Sería, en palabras de Iglesias, el Gobierno con mayor apoyo social -en número de votos, que no de porcentaje- de la historia de España. Y visto cómo se trata a los equipos de Gobierno de Manuela Carmena y Ada Colau, también el más estrechamente vigilado por medios, empresarios e inversores.

Este mismo lunes, y auspiciada por Alberto Garzón, habrá una reunión a cuatro bandas entre PSOE, Podemos, IU y Compromís. El riesgo de esa reunión en términos electorales es evidente: aupar a Podemos y sus confluencias a posiciones de Gobierno podría desgastarles si lo gestionaran mal, pero también podría darles alas y acabar llevando a cabo el temido ‘sorpasso’ para pasar a convertirse en la fuerza de referencia de la izquierda en apenas unos pocos años.

Pero, ¿qué consecuencias programáticas tendría un pacto de estas características? El propio PSOE respondía por escrito hace unos días a la propuesta de Podemos con un documento en el que subrayaban coincidencias y discrepancias. En total, 31 cosas aceptables y 14 cuestiones innegociables para los de Sánchez descritas en 22 páginas.

A grandes rasgos, para contentar a Podemos en su propuesta inicial el PSOE tendría que tragar con aumentar el déficit público de inmediato, subir impuestos a los más ricos, renegociar la deuda con la UE, eliminar el límite de endeudamiento, suavizar las leyes de copyright, implantar la participación del Gobierno en la designación de cargos judiciales y fiscales o cargos en RTVE, decidir con consultas ciudadanas las acciones de las Fuerzas Armadas en el exterior o, claro, abrir la puerta a los referéndums de autodeterminación y a la reforma de la Constitución.

Un paso hacia la derecha

La otra opción es la de pactar con Ciudadanos, lo que podría conllevar la abstención -quién sabe si apoyo- del PP y la previsible oposición de todas las fuerzas de izquierdas y -por supuesto- de los nacionalistas, salvo quizá Foro Asturias.

Desde Ciudadanos se ha confirmado que hay negociaciones en marcha y que a lo largo de este pasado fin de semana se han intensificado. De hecho, hay quien dice que podría haber novedades a muy corto plazo que contradijeran lo que Rajoy le dijo a Cameron sobre unas muy posibles nuevas elecciones.

Un acuerdo de este tipo, al contrario de lo que pasaría con la otra opción, contentaría a muchos empresarios e inversores, pero podría ser una bomba de relojería aún mayor para el electorado socialista: cierto es que el votante del PSOE no está tan a la izquierda, pero si algo ha demostrado la imparable caída de las últimas legislaturas es que tampoco está tan lejos de la izquierda. Pactar con un partido de centro -según unos- derecha -según otros- podría ser la tumba de los socialistas si la oposición de Podemos y sus socios sabe desgastarles convenientemente.

En ese sentido las contrapartidas de Ciudadanos son mucho menos concretas que las de Podemos. En su web lanzaron seis propuestas generales que, por vagas, son difíciles de calibrar. Salvo la primera, que va muy en la línea de lo que Sánchez ha venido diciendo y muy en contra de lo que Iglesias y sus socios han venido demandando: «Moción por la democracia, la igualdad y la unión de todos los españoles». Dicho de otra forma, nada de tratos territoriales diferenciados ni mucho menos posibilidades de romper la unidad del país. De la España federal que pedía el PSOE no hace mucho, nada.

En su listado de propuestas se desbrozan algunas ideas que si bien no chocan frontalmente con las de Podemos -algunas sí, como la integración de una política comunitaria de Defensa o la despolitización de la Justicia- sí enseñan algunas divergencias: Ciudadanos no pide subir impuestos a los ricos sino bajarlos en general, y sí destacan cuestiones como el fortalecimiento del Ejército o el reconocimiento a las víctimas del terrorismo.

La decisión

La buena noticia para Sánchez es que tiene donde elegir si quiere ser presidente, y que de verdad tiene posibilidades. Ahora bien, la partida de ajedrez dura hasta el final, y ninguno de los dos caminos que se abren ante él está exento de tener que redefinir sus propias propuestas. Y, en consecuencia, de arriesgarse a seguir perdiendo escaños en las siguientes elecciones si los votantes les castigan por ello. Y en este punto ya no tiene mucho más margen para seguir horadando mínimos históricos.