Raül Romeva, Artur Mas y Oriol Junqueras (Fuente: Agencia EFE)
Raül Romeva, Artur Mas y Oriol Junqueras (Fuente: Agencia EFE)

Elecciones Cataluña 2015: Ni juntos, ni sí

El órdago de Artur Mas no ha servido para decantar la balanza a su favor, aunque tampoco en su contra. Más bien ahonda la pertinaz división alrededor del procés catalán, que amenaza con seguir marcando la agenda política nacional.

 

El independentismo gana en las elecciones catalanas en escaños, pero no en votos. Eso es demasiado como para obviar el ‘procés’, pero insuficiente como para llevarlo a término. Es, en cualquier caso, la radiografía de una sociedad fracturada, que ha votado tres veces en cinco años y que ha experimentado una polarización dramática del debate político, donde el eje derecha-izquierda o social-liberal ha dejado paso al debate de las banderas en plena crisis económicas.

Mirando hacia delante el panorama no es mucho más claro. Hay una fuerza que gana casi triplicando a la segunda, pero que no tiene garantizado gobernar. Hay un cabeza de lista ganador que quizá no sea el candidato a president, un interlocutor en Madrid que podría cambiar en apenas dos meses y dos partidos mayoritarios en el Estado que en Cataluña tienen un peso específico casi inexistente.

Con esos ingredientes, ¿quién gana y quién pierde tras las elecciones?

Junts pel Sí

La única victoria posible era la mayoría absoluta, no la del independentismo, sino la suya. Pero la política es una ciencia en las que uno más uno no son siempre dos. Por eso la idea de juntar bajo una lista a las dos formaciones muy mayoritarias de Cataluña debería haber sido suficiente para conseguirlo, pero Convergència y Esquerra, acompañados de independientes de la sociedad civil, PSC o Iniciativa -como Romeva- no ha sido suficiente. Y eso es elocuente.

La investidura del siguiente president de la Generalitat dependerá de la voluntad de otras fuerzas soberanistas que ya han dicho que nunca apoyarían a Artur Mas, acosado por todos los problemas que ha ido sorteando con la escalada nacionalista. Si de verdad Mas cree en el ‘procés’, la única vía de desbloqueo parece dar un paso al lado: otro candidato sumaría el apoyo de las CUP y quizá desbloquearía la tensión con Madrid.

Porque, de momento, una minoría en votos no basta para una independencia.

Ciudadanos

La formación ‘naranja’ ha sabido hacer dos cosas bien. La primera, el haber buscado una alternativa al líder carismático para multiplicar las opciones, de forma que Inés Arrimadas emerge como perfil propio junto a Albert Rivera. La segunda, el haber aprovechado su raíz catalana, donde la formación opera desde hace casi una década, para sacar músculo. En Cataluña Ciutadans no es una fuerza emergente, sino asentada, y eso se nota en los resultados.

Tras las autonómicas andaluzas, con el poderoso simbolismo de que una formación catalana se volviera determinante, y el peso específico conseguido en el gobierno autonómico madrileño, el éxito obtenido en las catalanas les catapulta de cara a las generales. Con 25 escaños se convierten en los líderes de la oposición, la cabeza visible ‘nacional’ frente al soberanismo, y hacen ver que Cataluña tiene un sentimiento identitario tan marcado que hasta para el nacionalismo español prefieren una fuerza propia.

La primera presa fue una UPyD carcomida por el inmovilismo. Y ahora apuntan directamente a la cartera de votos del PP a nivel nacional.

PSC

Celebrar como una buena noticia que no has perdido todo lo que esperabas perder es la mejor forma de evidenciar que estás perdido. Sin embargo los socialistas catalanes están de enhorabuena: con 16 escaños se convierten en tercera fuerza y reducen la vertiginosa velocidad de su estrepitosa caída.

El PSC estaba en proceso de demolición interna: tras pasar en menos de una década de gobernar a que muchos pesos pesados abandonaran el barco y los votos desaparecieran. De granero de votos para el PSOE nacional de Zapatero a erial donde el socialismo estaba condenado a la irrelevancia. Sin embargo, llegó un inesperado clavo ardiendo: el espontáneo baile de Iceta, el enésimo candidato aburrido que presentaban, sirvió para correr como la pólvora y, en medio de una campaña crispada, cambiar el tono.

Iceta no lo ha petado, pero ha sobrevivido. Y, a la vez, se ha hecho un nombre en una campaña a la que toda España miraba con atención. Quizá su futuro no se quede en Cataluña, y quizá el socialismo no esté del todo muerto allí.

Catalunya Sí Que es Pot

La política es más de sensaciones que de números. Pero si en Andalucía se convirtieron en tercera fuerza y cundió la imagen de fracaso -mientras que Ciudadanos siendo cuarta pareció ser la vencedora-, ahora en Cataluña no acompañan ni las sensaciones ni los números. A la lista la apoyaban desde Podemos, desde Izquierda Unida y desde su marca catalana, Iniciativa. Y sin embargo, su resultado es mucho peor que el que obtuvo Iniciativa por sí sola en los últimos comicios.

Así las cosas, mientras Ciudadanos encadena varios éxitos, las marcas de Podemos encadenan varios fracasos, y eso les pone a los pies de los caballos ante las generales. No es que sus resultados sean malos, es que las expectativas y ambiciones que ellos mismos marcaron eran desmedidamente altas. Y mientras los partidos a la izquierda del PSOE siguen debatiendo si confluir o no, los resultados van deshinchando sus posibilidades.

La opción de la confluencia, que fue una exitosa fórmula de Podemos para salir al paso de unas elecciones municipales en las que no podía competir por falta de estructura, ha acabado por comerse a la formación de Pablo Iglesias. El inmovilismo demostrado empieza a ser un lastre, y otras fuerzas han sucumbido por menos que eso.

PP

En el discurso de la confrontación el PP suele ganar. Es un discurso en clave interna, dirigido a los votantes conservadores, no ya en ideología sino en actitud: el miedo, la amenaza de la ruptura y la inestabilidad han sido argumentos que han servido para cohesionar internamente. Hasta ahora. Es sintomático que en el País Vasco y Cataluña, donde el discurso de confrontación nacional es tan intenso, el PP vaya camino de la irrelevancia.

La polémica elección de Albiol como candidato se interpretó como una opción desesperada de cambiar el paso de los sondeos, o como la voladura controlada ante el derrumbe previsible. El problema es que el peor escenario se ha confirmado y no es que no tengan peso en la Generalitat, es que ni siquiera tienen posición de dominio en la dialéctica ‘nacional’, donde Ciutadans les ha superado con solvencia.

CUP

No importó al líder de las CUP estrechar la mano del president Mas en los albores del ‘procés’, asistiendo a la firma de convocatoria de la consulta y aplaudiendo la decisión. Sin embargo, la formación dejó claro en su ‘corto’ electoral por qué no se habían integrado en la lista soberanista de Mas y Junqueras: quieren la independencia, pero quieren mucho más, empezando por derribar un statu quo que precisamente Convergència representa a la perfección.

Tan arriesgado movimiento podría haberles condenado a la irrelevancia, como acabó pasando con SI, la formación de Joan Laporta, fagocitada finalmente por Esquerra. Sin embargo, ellos son los otros ganadores de la noche electoral: han sabido recoger el voto de todos los independentistas a quienes la corrupción o los recortes de Mas pesaban más que la apuesta soberanista o la compañía de Esquerra.

El peso político de su líder en el Parlament, así como la capacidad discursiva de su candidato han hecho el resto. Ahora buena parte del futuro del ‘procés’ depende de su voluntad, y eso teniendo seis veces menos escaños que la lista unitaria. La soberanía, en política, es precisamente eso.

Unió

El catalanismo moderado, conservador, tradicional y burgués, ha muerto. Al menos en el Parlament. Unió, la histórica marca del histórico Duran i Lleida, desaparece por el sumidero de la ruptura de CiU que ellos mismos provocaron como muestra de rechazo al proceso soberanista. Eran demasiados matices para una campaña tan polarizada.

El futuro dependerá de su capacidad de aguante, y de confiar en que Convergència acabe pagando los platos rotos que tiene pendientes, desde la corrupción a la propia imagen de Mas.

¿Entonces?

Artur Mas ha ganado, pero ha perdido. Y Mariano Rajoy ha ganado, pero ha perdido. Las elecciones de este domingo eran la primera mitad del futuro del ‘procés’, y ni siquiera han servido para decidir quién será el interlocutor catalán. Ahora empezarán los movimientos internos, llegarán varias votaciones y se decidirá quién liderará esa hoja de ruta que en año y medio quieren guiar hasta la independencia.

Serán tres meses de recomposición interna hasta que lleguen las generales y se decida quién será el interlocutor en Madrid. Y quién sabe si en la primera reunión del año que viene los protagonistas serán los mismos, cambiará uno de ellos o cambiarán los dos.