Fuente: TecnoXplora
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¿Tiene futuro el dinero digital?

Seguro que conoces BitCoin, al menos de oídas. Y habrás leído sobre NFC y monederos digitales. Pero hay más: también tarjetas de débito y crédito online, transferencias digitales y otros proyectos en desarrollo. La cuestión es si verdaderamente cuajarán en el mercado.

 

La historia de Kristoffer Koch ha corrido como la pólvora en las redes: un estudiante noruego que se gastó 150 coronas, equivalente a 26.6 dólares, en comprar BitCoins para un proyecto de investigación. La cosa es que se olvidó de ellas durante unos años y, al mirar qué valor tenían actualmente descubrió que era millonario. Koch es una cara de la moneda, la del que multiplica en poco tiempo su dinero de forma exponencial. La otra cara está quizá por llegar, la del que se arruina con la misma velocidad. La moneda se llama ‘burbuja’, y en España conocemos bien sus efectos.

La pregunta es ¿es BitCoin una burbuja? Al menos, actúa como tal. Empezando por el principio, BitCoin es una ‘moneda digital’ que se ha propuesto como una especie de estándar internacional para transacciones con una serie de supuestas ventajas. Las más destacadas vendrían a ser su carácter internacional, además de que está libre del control de Estados y Bancos Centrales, lo que teóricamente la democratiza… y el hecho de que, como internacional y ‘libre’ que es, está exenta de comisiones y porcentajes variados que aplican los bancos en el circuito financiero convencional.

Pero ¿quién controla a BitCoin? El problema de esta moneda es su comportamiento errático, que mucho recuerda a la crisis de las ‘puntocom’ o el estallido inmobiliario español: en una semana ha pasado de valer 700 dólares a derrumbarse hasta los 470, cuando un año atrás apenas llegaba a los diez dólares. El caso de Koch no es el único de rico instantáneo gracias a BitCoin, pero con semejantes oscilaciones cabe pensar que la cruz de la moneda pueda llegar de forma inminente.

La clave es esa: su convertibilidad al dólar, y quizá su esencia. Reflexionaba Richard Weston, un activo inversor en el asunto, sobre que más que como una moneda, BitCoin actúa como un elemento de inversión, como el oro. ¿Cuál es el valor real del oro? El que el mercado le da: como metal no es mucho más que un buen conductor eléctrico, pero que de lejos no vale lo que vale por sus cualidades físicas. Su valor es estimativo, en base a su belleza, uso y significado, lo que le ha convertido en un objeto de deseo a través de la historia, símbolo de riqueza y finalmente patrón económico mundial.

De hecho, en la génesis de BitCoin está esa intención, porque la obtención de nuevas monedas se llama ‘mining’, como si fueran mineros en busca de oro. La cuestión es que BitCoin es una moneda con un identificador único, codificado a través de complejos logaritmos informáticos. Tan complejos que cada nueva moneda ‘acuñada’ es más difícil de acuñar que la anterior, y que matemáticamente tiene un número limitado de posibilidades. En concreto, 22 millones, de los que ya se han ‘desvelado’ la mitad.

Esa es la forma en la que la moneda podría adquirir cierta estabilidad en el futuro, su finitud, y evitar devaluaciones vía emisión de más moneda, como ocurría en los países europeos antes de la llegada del euro, aunque eso hiciera que consecuentemente aumentaran los precios. Eso y que la propia encriptación de la moneda es su garantía: no se puede falsificar, es dividible y cuenta con sus propios mercados financieros.

Pero, además de los vaivenes de su cotización, buenas y malas noticias han sacudido su rumbo. Por ejemplo que las autoridades de EEUU la consideren una moneda real, y que estén estudiándola, les ha favorecido. Que se haya descubierto que se ha usado para compraventa de armas y drogas aprovechando que no discurre por los circuitos financieros comunes y, por tanto, escapa del control de las autoridades, les ha perjudicado. En cualquier caso cada vez más gente la usa, aunque siguen siendo una inmensa minoría, y algunis sorprendentes respaldos la avalan: por ejemplo, la Universidad de Nicosia acepta pagos en BitCoin.

Hay vida fuera de BitCoin: tarjetas, monederos y transferencias

Aunque la iniciativa que más ruido ha hecho hasta la fecha respecto a la digitalización de la economía sea la de BitCoin, no es ni la primera ni la única. En el retrovisor queda permanentemente la idea del pago móvil gracias a la tecnología NFC, que Android impusla con sus terminales y que en España aún no ha despegado por la falta de acuerdo con los bancos.

Mientras, Apple ignora la tecnología (ninguno de sus dispositivos la incorpora) y centra todo en su PassBook, a modo de ‘cartera virtual’ en la que llevar billetes, entradas y descuentos, pero no de cualquier posible emisor a través del escaneado de un código -como hace Android con su Google Wallet-, sino con un número limitado de empresas y aplicaciones.

Así las cosas, Google ha decidido dar un paso más: esta semana se daba a conocer el lanzamiento de una tarjeta de débito virtual que serviría para transformar en dinero real lo que esté en tu Google Wallet a través de sacarlo de los cajeros automáticos. En EEUU solo, claro.

La propuesta de Google parece bastante complementaria con otro proyecto que ha roto todas las expectativas: Coin, una tarjeta que unifica digitalmente todas las que tienes. Imagina que tienes dos tarjetas, una de crédito y una de débito, de tu casa, otra de una cuenta personal y una más de tu negocio. La idea es que Coin actúe como dispositivo único que permite el pago con todas esas tarjetas que tú previamente escaneas y fotografías con el móvil, con el que se vincula y emite una alarma cuando detecta que te separas de ella.

La idea gustó tanto que tuvo pre-reservas por valor de 50.000 dólares en apenas 40 minutos, aunque algunos analistas temen que pueda morir de éxito antes de ver la luz.

Si lo piensas bien, aun sin comprar ‘monedas virtuales’, usar apps de pago, NFC o ‘tarjetas virtuales’, seguramente hayas pagado alguna vez a través de PayPal. O, si eres un clásico, quizá hayas hecho uso de las nuevas posibilidades respecto a pago mediante transferencias digitales. En cualquier caso, por alguno de estos caminos -o todos- parece que transita el futuro de parte de la economía. Las crisis, en cualquier caso, nos llegarán igual, cíclicamente, ya sea en formato analógico o digital.