La herencia recibida de Steve Ballmer en Microsoft

El CEO de Microsoft recibió de manos de Bill Gates una empresa en la cima, pero asomándose al precipicio. Le ha tocado la ingrata tarea de gestionar la caída y, al anunciar su marcha el año que viene, apuntala algunas esperanzas de recuperación para la compañía.

 

Steve Ballmer es como el protagonista de una secuela de una película exitosa: no es que él lo haga mal, es que es difícil superar al personaje icónico de la entrega anterior. Bill Gates, el ‘capo’ de la que fuera principal compañía tecnológica del mundo, se fue dejando un gigante ante el abismo: sus ordenadores eran el estándar mundial, con su software preinstalado y unos competidores empecinados en mantener problemas de compatibilidad con sus programas. Todo era perfecto, hasta que dejó de serlo.

La cuestión es que cuando Microsoft era todopoderosa Bill Gates era mirado con recelo por los consumidores: él, multimillonario, ‘esclavizando’ a usuarios de todo el mundo a ir a morir a su hardware y su software. Con el tiempo, como si de un presidente del Gobierno se tratara, acabó limpiando su imagen a base de retirarse del mundo empresarial y dedicarse a la filantropía.

Y en estas que para sustituirle llegó Steve Ballmer. Sólo Al Pacino podía sustituir a Marlon Brando, y ni con esas El Padrino II era El Padrino. La cuestión es que Ballmer no es Al Pacino: ni carisma, ni feeling, ni un futuro brillante. Más bien al contrario: los tiempos de la hegemonía se habían acabado, Microsoft parecía un armario de ropa vieja llena de polillas y era misión imposible recuperar el tiempo perdido con un jefe como él.

La compañía conoció tiempos mucho mejores, con compras que revolucionaron el mercado: los 6.333 millones que costó aQuantive en 2007, los 1.330 millones por Navision en 2002, los 940 de Great Plans Software en 2001 o los 500 millones por Hotmail en 1997. Pero aun así a Ballmer no le tembló el pulso para pagar hace dos años 8.500 millones para hacerse con Skype y otros 1.200 poco después por Yammer, una cantidad similar a la que pagó en 2008 por Fast Search & Transfer. Más de 10.000 millones gastados con la compañía en caída libre.

Microsoft, ya en desventaja, competía con empresas mucho más cercanas a la gente, percibidas como modernas y dinámicas. Las Google, Apple, Facebook o Twitter se comían mercados a priori diferentes pero cada vez más convergentes. Internet Explorer sucumbió a Chrome y el Office se tambalea ante Google Docs. La gente no usa MSN Messenger para estar en contacto, sino que tuitea o se encuentra en Facebook. Los PC no molan tanto como los Mac. GMail desplazó a Hotmail. Y sus CEO, tan jóvenes como Zuckerberg o carismáticos como Jobs. Ballmer había recibido una herencia maldita.

Pero ni mucho menos el legado del todavía CEO de la compañía será tan malo. En estos cinco años ha conseguido mantener con vida a Windows, con una muy notable mejora en su versión 7 y un salto al mundo táctil en la versión 8. Los ordenadores sin torre, los portátiles que funcionan como tabletas y el buen desarrollo del último Windows Phone son mérito de la focalización de la compañía en un sector que ya no es el suyo, pero es a donde converge todo: las tabletas y los móviles están hiriendo a la industria del ordenador de sobremesa, y él ha sabido ir adaptándose. Lento, pero ha sabido.

Si la historia pasada era difícil, el presente ha sido también ingrato con Ballmer: el día que anunció que en un año abandonaría los mandos de Microsoft las acciones de la compañía se dispararon. Sólo faltaba imaginarse a los brokers gritando de júbilo y tirando confetti sobre el parquet para celebrar el adiós del pobre Steve.

El caso es que poco después se apuntaría la medalla que, quizá, acabe por rescatar parte del futuro del gigante: la adquisición de Nokia. Otro gigante caído, pensarás. Pero los números avalan la compra. Hace año y medio Google compró Motorola por 12.500 millones de dólares, mientras que la compra del fabricante finlandés le costará a Microsoft 5.440 millones, menos de la mitad. Motorola, cierto es, ha sabido actualizarse mejor que Nokia -aunque la serie Lumia no tiene precisamente malas críticas-. Pero la cuestión es que sigue siendo la segunda compañía por fabricación de terminales, con un 15% del mercado en el primer trimestre de este año, mientras Motorola no está ni en el top 10 con apenas un 1%.

Fuente: Reuters

Vale, que Google aún fabrica tabletas con Asus -como la Nexus 7– y móviles con Samsung -como el Galaxy Nexus-, y que cuando le dé por centralizar la producción de hardware cambiará la historia. Pero eso aún no ha pasado.

En España se estimaba que en 2009 Nokia y Microsoft juntos habrían tenido el 90% del mercado, una cifra que ha ido cayendo rápidamente hasta el 76% de hace dos años. Pero la cifra sigue siendo inmensa, aunque no sea en el mercado de smartphones, que supuso a cierre de 2012más de un 80% de las compras de nuevos terminales, sino en el de teléfonos ‘tradicionales’.

A nivel mundial la adquisición de Nokia, y más a ese precio, sigue siendo un salto cualitativo: de tener casi el 40% del mercado en 2010 ha pasado a menos del 10% estimado actual. La cuestión es ver si ahora que Microsoft ya controla la cadena de producción entera logrará revertir la estadística.

Esa guerra, en cualquier caso, ya no corresponde a Ballmer, sino a quien sea su heredero. A fin de cuentas, él ha dejado una herencia menos abultada pero más ‘saneada’ en cuanto a futuro de la que él recibió.

Piénsalo bien: ¿acaso hay algún personaje capaz de sustituir a Darth Vader? Pues eso