Fuente: TecnoXplora
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Freemium: así hacen dinero las apps que no son de pago

Aunque se pueda pensar lo contrario, el ingreso por apps de pago es mínimo tanto para iOS como para Android: el secreto está en la fórmula ‘freemium’

 

Decir que uno de los negocios de la década son las apps para móvil no es descubrir Roma. La idea que puso en marcha Apple con los albores de su iPhone era tan sencilla que parecía hasta obvia: igual que hay software para ordenadores, debería haber software para smartphones; y, en lugar de ir a una tienda física a comparlo, ¿por qué no centralizar la compra-venta de apps en una tienda on-line?

Aquello fue una jugada maestra: el ser el distribuidor oficial (y en muchas ocasiones único) de apps permitía controlar la seguridad y conveniencia de dichas aplicaciones, pero además hacer negocio: de cada venta, una parte iría al creador y otra al intermediario, en este caso Apple.

Funcionó tan bien que tras Apple llegaron Android con su GooglePlay y Microsoft, entre otras.

Ha llovido mucho desde entonces. Tanto que Google ya le está comiendo la tostada a Apple en su propio terreno. Pero lo que más ha llovido ha sido dinero: en enero de 2014 Apple anunció que en 2013 había facturado 10.000 millones de dólares en la AppStore. Casi nada.

¿De dónde viene todo este dinero que hace de las apps uno de los negocios del momento? De la venta de apps, pensarás. Pero te equivocas. Si te fijas en el siguiente gráfico verás que el porcentaje de venta de apps en iOS es irrisoria: casi el 60% de las descargas son de apps gratuitas, y casi el 40% restante son… freemium. Ahí es donde está el negocio. De hecho, a la derecha se ve: en mayo de 2014 el 90% del ingreso por apps vino del modelo ‘freemium’

Fuente: AppAnnie

¿Y eso qué demonios es? ‘Freemium’ es un neologismo que viene de la unión de las voces inglesas ‘Free’ (gratis) y ‘Premium’ (de pago). Es una app que te descargas de forma gratuita pero que tiene compras incluidas, o servicios complementarios que sólo se pueden usar si pagas. Es decir, puedes usar parte de la app de forma gratuita, pero si quieres todo su potencial tendrás que pasar por caja.

En realidad, es algo que lleva tiempo haciéndose, aunque de forma distinta: antes había dos aplicaciones, una ‘lite’ gratuita con ciertas funcionalidades, para que probaras, y una ‘full’ o completa, de pago. Ahora eso se hace en una sola app y habilitando el pago interno, lo cual ofrece ventajas: es más fácil que la compra se concrete si se simplifica el proceso para el usuario y, además, permite que algún usuario que realmente sólo necesite la versión ‘capada’ la use sin dejar de ver constantes reclamos a que compre la versión total.

Detrás de la lógica de funcionamiento del sistema hay también mucho de psicológico: una app de pago, aunque sea por un precio irrisorio, frena a muchos usuarios. Una app aparentemente gratuita, no. Y una vez probada, si de verdad es buena, quizá acaben deseando comprarla del todo.

Parecerá simple pero, visto lo visto, funciona.

Ese ‘freemium’ no sólo tiene que ver con servicios complementarios: en ocasiones, especialmente cuando el desarrollador es un profesional y no una empresa, la app que se descarga es la funcional a pleno rendimiento, solo que con anuncios. Estos no impiden que se funcione con normalidad, pero sí resultan molestos y conllevan clicks involuntarios en banners emergentes que pueden desesperar.

Aquí el pago vendría para eliminar esa publicidad, en un esquema ganador para el desarrollador: si no la quitas, algo ingresa por esa publicidad (y esos clicks involuntarios) y si la quitas y pagas, cobra.

Esto, como pasa con las apps, no es una exclusiva de Apple: en Android el esquema se repite, incluso con más fuerza dado que el tipo de usuario medio de Android es potencialmente más reacio a pagar que el de Apple (por razones diversas, desde económicas -alguien que se gasta centenares de euros en un iPhone no suele tener tantos miramientos económicos- hasta técnicas -un usuario de Android tiene más opciones abiertas de apps que un usuario de iPhone-)

Fuente: AppAnnie

Pero no es oro todo lo que reduce: el modelo ‘freemium’ también está sirviendo para arruinar buenas ideas, incluso fuera del entorno móvil. Es el caso de Avaast, un muy buen antivirus ‘freemium’ que se ha cargado tanto de avisos sobre seguridad reclamando que instales la versión completa que llega a ralentizar el ordenador. Monetización o servicio, una dicotomía complicada que el ‘freemium’ no siempre puede resolver.