Fuente: Wikimedia Commons
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La huelga bien, gracias

España es un país en el que es imposible saber valorar un evento político. Unos y otros tienen versiones tan opuestas que parece que hablen de hechos diferentes.

 

¿Cómo ha ido la huelga general? Según a quien preguntes. Para el Ministerio del Interior, que ha ofrecido valoraciones de seguimiento a las 6 de la mañana, a las 8, a las 11 y a las 19.30, la huelga ha fracasado.

Los sindicatos, que han hecho de medios de comunicación creando una web en la que cubrir las protestas en todo el país, han hablado de “amplio seguimiento” y de “éxito”. Han dado pocas cifras y, en su comparecencia de este mediodía, daban argumentos contra quienes hablaban de seguimiento menor: más parados que no pueden hacer huelga, más contratos precarios que hacen que la gente tenga miedo e, incluso, que la huelga se ha hecho “en horario de invierno”, lo que a jucio de Ignacio Fernández Toxo hace que no se puedan comparar los datos de consumo eléctrico con los de la huelga de primavera.

La huelga general contaba de partida con algo a favor, el descontento social por la crisis y por los recortes, pero también con tres pesadas losas. La primera, el propio desgaste de los sindicatos, que apenas incomodaron al Gobierno socialista por su gestión de la crisis. La segunda, que han ido perdiendo representatividad en la sociedad española a medida que ésta ha perdido fuerza industrial y se ha volcado en el trabao por cuenta propia y el sector servicios. La tercera, que los funcionarios, que son quienes de verdad pueden paralizar un país, han vuelto a mantenerse al margen.

Al final la huelga fue fuerte sólo en las pocas zonas industriales que quedan en España (siderometalurgia, fábricas) y en grandes mercados y algunos servicios municipales. El resto, alejados de los sindicatos o sin poder permitirse perder un día de trabajo, secundaron en menor medida los paros.

La palabra más repetida, también por los representantes del Gobierno, ha sido “normalidad”. La ha usado Margallo, la ha usado Gallardón y la ha usado Posada. Llamativo, como luego destacaban los sindicatos, que el portavoz del Ejecutivo para este asunto haya sido el Ministerio del Interior y, en el Congreso, el Ministro de Economía. “Conciben la huelga como una problemática social y no como un derecho”, decía el líder de UGT. O una cuestión económica, habiendo una ministra de Empleo.

Mientras, los sindicatos hablan de que se han “cumplido sobradamente los objetivos”, la Delegación del Gobierno, como Interior, echa por tierra el triunfalismo de los sindicatos en cuanto a la afluencia de gente a la manifestación central, la que ha recorrido las calles de Madrid.

Vistas las imágenes de las manifestaciones la lectura cambia. De la misma forma que los paros a lo largo del día no parecieron ser muy secundados fuera del centro de las ciudades y de los polígonos industriales, las marchas de protesta fueron mucho más concurridas de lo que ha intentado decir el Gobierno

La nota negativa, donde siempre. Los radicales cerrando las manifestaciones, las imágenes de piquetes que insultan y agreden, las cargas policiales desmedidas, los destrozos urbanos y las detenciones (más de un centenar, aunque menos que en la huelga anterior).

Pero si unas imágenes marcarán lo que ha sido esta huelga son en las que unos Mossos han abierto una brecha en la cabeza a un chaval de 13 años.

Al margen de todo eso, esta huelga se celebraba a la vez que otras en otros puntos de Europa. Las más populosas, las de los países intervenidos (Portugal, Grecia) o los que están al borde del abismo (España, Malta y Chipre). El desencanto cunde, pero parece que la herramienta de la huelga no convence.