Fuente: Wikimedia Commons
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Miguel Sebastián, el ministro de las bombillas a la sombra de Zapatero

Responsable de algunas de las medidas más llamativas del Ejecutivo de Zapatero, el presidente del Gobierno mantiene con cartera ministerial a uno de sus colaboradores más leales.

 

Sus detractores consideran que la cartera ministerial de Miguel Sebastián es una compensación del presidente del Gobierno por los ingratos trabajos que le mandó hacer años atrás y por cómo ha sabido moverse; sus allegados dicen lo contrario, que es ministro por mérito propio y por su carrera profesional. Lo que no se escapa a nadie es que Sebastián, doctor en Economía de 53 años, ha sido durante años uno de los más cercanos asesores del presidente en cuyas manos descansa la política energética del país.

Sea cual sea el motivo, resalta como la iniciativa más recordada de las que ha tenido desde su nombramiento en abril de 2008 la de regalar millones de bombillas de bajo consumo a los españoles, aunque dos tercios acabaran acumulándose a la espera de ser recogidas. Y eso a pesar de que en sus dos años como ministro ha tenido que gestionar importantes proyectos, como el apagón analógico de la televisión y la legalización de la TDT de pago, que permitió a Mediapro lanzar Gol TV, uno de los caballos de batalla de la llamada ‘guerra del fútbol’.

En su agenda de temas pendientes constan asuntos tan espinosos como el pacto de Estado en materia energética que desarrolla con el Partido Popular y cuyo pistoletazo de salida tuvo lugar durante el pasado mes de junio, o la decisión final sobre dónde instalar el almacén de residuos nucleares por el que ocho pueblos suspiran. De hecho, el futuro energético del país en general es un gran interrogante a falta de saber si el Gobierno se inclina por apostar por la energía sostenible o por la iniciativa nuclear.

Su debut como candidato desconocido

La carrera política del ministro de Industria es una de las menos políticas dentro del Ejecutivo. Para empezar, ni siquiera está afiliado al Partido Socialista. De hecho, su trayectoria no comienza en mítines, ni pegando carteles: todo empezó cuando Zapatero le distinguió como uno de los hombres que le susurraba al oído cuando éste aún no había ganado las generales. Así, su aventura política arranca siete años atrás, cuando se hizo un hueco en el equipo de asesores económicos de Zapatero.

En aquellos años, ese joven y desconocido diputado había conseguido ganar las primarias del Partido Socialista a históricos de la formación, como José Bono o Rosa Díez. Su victoria no sólo sirvió para renovar la cúpula del partido, sino también para rejuvenecer todas sus caras visibles: junto a Zapatero fueron emergiendo nombres de desconocidos en las primeras filas del socialismo, y en el área económica, junto a Jordi Sevilla, apareció el de Sebastián.

Su labor en aquellos años fue, como casi siempre, en la sombra: trabajó junto a quien después sería ministro de Administraciones Públicas en la elaboración del programa electoral de Zapatero, el mismo programa que contra pronóstico acabó convirtiéndose en un compromiso de Gobierno tras las elecciones de 2004. Ese trabajo de ‘fontanería’ lo compaginaba con sus dedicaciones fundamentales: la subdirección general del BBVA y la docencia universitaria. Tras las elecciones fue nombrado Director de la Oficina Económica del presidente del Gobierno, lo que suponía darle rango de Secretario de Estado por asesorar a Zapatero.

La puesta de largo política, el momento de hablar desde el atril, le llegó el 25 de octubre de 2006. Tras las negativas de otros compañeros del partido y la reubicación de Trinidad Jiménez como secretaria de Estado en Exteriores, Zapatero colocó al desconocido Sebastián enfrente de Gallardón como candidato socialista a la alcaldía de Madrid. El movimiento se interpretó como un suicidio político: nadie quería medirse a Gallardón y antes que quemar a alguien de peso, el presidente sacrificaba a un don nadie.

Sebastián nunca tuvo opciones, pero al menos se hizo visible, especialmente tras el debate televisivo entre ambos candidatos en el que preguntó al alcalde de Madrid sobre su supuesta relación con una implicada en una trama de corrupción, lo que le hizo terminar de derrumbarse en los sondeos. Finalmente, el PSOE perdió tres concejales en la capital y Gallardón amplió su mayoría absoluta, pero ese don nadie se había ganado un lugar en las portadas que más adelante le ayudaría para dar un paso adelante.

La resurrección del sacrificado

Tras el sacrificio corso, Sebastián se retiró a su vida anterior: los alumnos universitarios y la docencia… aunque por poco tiempo, porque siguió como asesor del presidente, posición desde la que actuó como fiel defensor de las políticas del Ejecutivo incluso cuando Pedro (Solbes, el ministro de Economía por aquel entonces) se cansó de negar que ésta fuera a llegar. Quizá por eso su nombre llegó a sonar, incluso, para ocuparse de la cartera cuando Sobles renunciara, pero su premio fue otro.

Zapatero le encargó el ministerio de Industria, que desde su reinvención en 2004 había sido ‘propiedad’ de barones catalanes (José Montilla primero y Joan Clos después), un ministerio al que no tardaría en aplicar parte de las recetas de comunicación que aplicó con éxito en su tiempo de asesor, aunque le reportaran algún tirón de orejas por cargar contra los bancos durante el estallido de la crisis. Y en ello sigue.

Pero todo buen comunicador guarda ases en la manga, y es el caso de Sebastián. Algunos de los proyectos más polémicos de los que se están desarrollando llevan su sello, aunque el desgaste se lo llevan otros. Es el caso, por ejemplo, del portal de contenidos de pago que su ministerio subvencionó a Promusicae con 737.072 euros en el marco del Plan Avanza y que por cuya concesión se tiende a señalar a Cultura.

No obstante, su valoración según los ciudadanos no es muy boyante: según la última encuesta del CIS, publicada a principios de agosto, Sebastián obtiene una valoración media de 3,37 sobre 10, superando sólo a Aído, Corbacho, Corredor y Sinde.