Fuente: AFP
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La victoria de Tomás Gómez pone a Zapatero frente al espejo

Podía suceder y finalmente ha sucedido. Son los riesgos de la democracia interna, de permitir a las bases que tomen la palabra. Tomás Gómez, el alcalde más votado de España, ha ganado a Trinidad Jiménez en las primarias socialistas a la Comunidad de Madrid y, según para quién, también ha ganado a Zapatero, el hombre al que plantó cara y al que ha infligido su primera gran derrota electoral.

Al otro lado queda la derrotada, una hiperactiva Trinidad Jiménez a la que se ha visto muy afectada en su comparecencia tras el escrutinio. Es su enésima derrota, tras aquella frente a Gallardón, su exilio en la secretaría de Estado para Iberoamérica y su designación forzosa a estas primarias cuando disfrutaba de la placidez de una gestión eficiente al frente de Sanidad. Los agradecimientos de la ministra casi sonaban a despedida, aunque nadie sabe si tendrá continuidad frente de la cartera ahora que nada obliga a Zapatero a sustituirla.

La historia, en cierto modo, se repite: un joven y carismático candidato consigue derrotar por un puñado de votos (menos de 500 sobre un censo de 18.000) a la persona designada por el aparato para tomar las riendas del partido. Hace diez años fue Zapatero el que, por nueve votos y contra todo pronóstico, se impuso a José Bono en las primarias socialistas; ahora ha sido Tomás Gómez, ex alcalde de Parla, el que ha derrotado a una ministra ungida por el propio Zapatero, actual inquilino de la Moncloa.

El camino de la sucesión

Gómez pone a Zapatero ante el espejo no sólo porque lo sucedido obliga a una reflexión dentro del partido, sino por todas las similitudes que hay entre las trayectorias de ambos. De hecho, hasta ahora el presidente del Ejecutivo no había perdido ninguna contienda electoral y ha tenido que ser alguien de dentro, de su propio partido, el que le haga conocer la derrota. Y lo hace un desconocido que lleva tres años extendiendo su influencia por el PSM.

Un desconocido que ha abierto una brecha. No sólo por las heridas que tendrán que empezar a cerrarse tras una campaña que ha servido para sacudir en público trapos sucios -como el enfrentamiento que este pasado fin de semana escenificaban en Twitter José Cepeda, del equipo de Tomás Gómez, y Pedro Castro, del de Trinidad Jiménez-.

La ha abierto también porque, apoyado por todas las víctimas del zapaterismo (desde Ibarra hasta Barrionuevo, pasando por Leguina), ha sido el primero en derrotar a un Zapatero que ha gobernado durante diez años en el Partido Socialista sin ningún tipo de oposición interna.

Esa primera derrota es a la que se aferran los más críticos para hablar del inicio del postzapaterismo, del inicio del cambio, de la necesidad de renovación de un partido en el que podrían escucharse los primeros rumores de sables a dos años de las generales, con un líder absolutamente desgastado por su gestión de la crisis y con movimientos perceptibles en el entorno del presidente para colocarse ante la apertura de un eventual proceso de sucesión, con José Blanco y Alfredo Pérez Rubalcaba como principales arquitectos y como segundos derrotados en las primarias.

Ahora arranca la pelea

Concluye aquí un proceso que ha durado dos meses menos seis días, pero arranca otro que llevará a Gómez a enfrentarse cara a cara con su verdadera enemiga: en menos de siete meses afrontará el reto de intentar derrotar a Esperanza Aguirre, algo que no dependerá de él a pesar del renovado entusiasmo y la movilización del socialismo madrileño gracias a las primarias. Según las encuestas, que el Partido Popular pierda la mayoría absoluta y abra la puerta a un cambio en el gobierno regional no depende tanto de los socialistas sino de la capacidad de UPyD para robarle escaños a los populares.

Tomás Gómez emerge como figura del socialismo, como representante de una nueva ‘Nueva Vía’. Como líder indiscutible de la Federación Socialista Madrileña ganará poder en la Ejecutiva Federal del partido, porque en un eventual proceso de sucesión interna su influencia sería importante. A menos, claro, que Esperanza Aguirre logre renovar su cómoda mayoría absoluta y le condene al ostracismo de la oposición regional.

Derrota de Zapatero y esperanza para los socialistas en Madrid, tantos años después. La victoria de Gómez es una incógnita de futuro que ha conseguido tras tres años de trabajo a la sombra: sin escaño regional, sin capacidad de hacer oposición, con un partido que heredó más roto de lo que está tras la etapa de Rafael Simancas. Ahora, con el impulso de las primarias, toda España conoce su nombre, pero a qué precio.

El reto ahora es saber cerrar heridas para que quienes apoyaron a Trinidad Jiménez le vayan a apoyar a él, algo que no habría que dar por seguro en una familia tan cainita como la de los socialistas madrileños.