Fuente: EFE
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La ‘Vía Nanclares’ explicada en diez preguntas

Estas son las claves del programa penitenciario de reinserción que busca ahondar en la voluntad de algunos exmiembros de ETA de dejar la ortodoxia del entorno de la banda.

 

Son aproximadamente una treintena. Entre ellos hay históricos exjefes de la banda, como Urrusolo Sistiaga, y algunos de los más sangrientos terroristas conocidos nunca, como ‘La Tigresa’ o ‘Txelis’. Son presos que han decidido alejarse de la disciplina de ETA para iniciar el camino de vuelta a la sociedad. El Estado trabaja con ellos para facilitar esa ruptura con el entorno terrorista y garantizar el final de la lucha armada.  Hace un par de semanas salieron con libertad condicional dos presos de ETA por primera vez en la historia tras culminar su proceso de reinserción. Uno de ellos recibió la noticia bajo mandato socialista y el otro bajo mandato del nuevo gobierno popular, que ha decidido continuar con la estrategia penitenciaria. Ésta es la llamada ‘Vía Nanclares’ y así funciona.

¿Qué es?

La ‘Vía Nanclares’ es un proyecto de reinserción de aquellos presos etarras que hayan decidido dar una serie de pasos inequívocos hacia el final de la violencia. Esos pasos comprenden el alejamiento del entorno de la banda, la acceptación de la política penitenciaria, la salida del colectivo de presos, la renuncia pública a ETA y al uso de la violencia, la petición de perdón a las víctimas y el compromiso de repararlas mediante el pago de su responsabilidad civil y, en último término, colaboración con la Justicia para luchar contra el terrorismo.

¿Por qué nace?

A los presos de ETA y su entorno se les aplican una serie de medidas particulares pero no exclusivas, ya que las comparten con otros presos. Se les aplica, por ejemplo, la dispersión, según la cual se aleja del lugar de residencia a aquellos presos que el Estado considere que correrían o harían correr riesgo si permanecieran en una cárcel cercana como marca la Ley. Esta cláusula, que también funciona en España con terroristas islamistas o narcotraficantes, ha establecido una gradación de ‘dureza’, de fidelidad a la ortodoxia de ETA, según el lugar en el que cumplen condena: cuanto más alejados de Euskadi, más duros.

¿Dónde se lleva a cabo?

Recibe su nombre de la cárcel alavesa de Nanclares de Oca, Langraitz en euskera. Es allí donde se lleva a los etarras que más han avanzado en su proceso de reinserción, De hecho el colectivo de presos, que edita periódicamente informes de dónde están los presos de ETA y su entorno, a quienes ellos llaman “presos políticos vascos”, obvia esta cárcel ya que dejan de tener tal consideración cuando renuncian a la banda terrorista. Antes de llegar a Nanclares de Oca, ‘estación término del proceso’, hay algunas cárceles cercanas a Euskadi que acogen a presos en un proceso de reinserción avanzado, tales como El Dueso en Cantabria, Villabona en Asturias, Zuera en Zaragoza o Burgos.

¿Cómo son los primeros pasos?

Es un trabajo escalonado cuyos primeros pasos son simbólicos. Acogerse a beneficios penitenciarios, no participar en los plantes convocados por el colectivo de presos o mantener relación normal con otros reclusos pueden ser los primeros gestos de alejamiento de la línea marcada por ETA en las cárceles. La renuncia al propio colectivo de presos o a sus abogados suele ser el paso siguiente. La dinámica con el preso cambia cuando esta distancia se manifiesta de forma oficial, primero de forma verbal y después mediante un escrito remitido a las autoridades del presidio. Los funcionarios de prisiones llevan un seguimiento exhaustivo del progreso de cada preso.

¿Qué pasa cuando se oficializa esa distancia?

Los primeros pasos oficiales suelen venir acompañados de alguna medida por parte de las autoridades, como el traslado a alguna cárcel más cercana a Euskadi dependiendo del punto de origen del preso y los pasos que éste haya dado. El siguiente escalón es oficializar el alejamiento mediante un escrito que contenga los elementos de petición de perdón, salida de la banda terrorista y renuncia a la violencia. En este punto, y si los informes de los funcionarios de prisiones y de los responsables judiciales son favorables, se pueden iniciar algunos trámites jurídicos para favorecer su reinserción.

¿Con qué trámites se ven favorecidos?

Un preso en situación de seguridad normal está sujeto a un segundo grado penitenciario, estando el primero reservado para reclusos que por su peligrosidad estén sujetos a medidas de vigilancia y seguimiento especiales. En esas circunstancias de normalidad, y habiéndose dado los pasos señalados, las autoridades judiciales pueden decidir la aplicación del artículo 100.2 del código penal, que permite conceder beneficios propios de un tercer grado sin tener que otorgar el tercer grado de forma definitiva.

¿En qué se concretan esos beneficios?

Estos beneficios temporales dejan a estos presos a caballo entre el segundo y el tercer grado y permiten al juez dar o quitar beneficios en función de la evolución del preso. Pueden ser permisos breves de salida bajo vigilancia, puede ser un permiso para trabajar fuera de la cárcel y volver o, ya en última instancia, permisos que sólo obliguen a ir a la cárcel a dormir cada día o sólo los fines de semana. Por ser beneficios propios de un tercer grado penitenciario, no se suelen aplicar hasta que el preso ha cumplido al menos la mitad de su condena.

¿Por qué es tan importante?

Por dos razones. Primero porque nuestro sistema judicial está pensado con ánimo de reintegración social, siendo el objetivo último de éste que cualquier preso que esté preparado para volver a integrarse en la vida cotidiana pueda hacerlo en función de su cumplimiento de condena. En segundo lugar, porque en el caso concreto del entorno de ETA los presos tienen un valor esencial. Son vistos como víctimas, como “presos políticos”, como el grupo humano que les da argumentos para hablar de represión, un sistema impuesto que no aceptan. Los presos, conocidos como ‘frente de Makos’ en este entorno, son el cemento que une a las bases del entorno de ETA, de ahí que la banda se haya asegurado durante todo este tiempo en mantenerles fieles a su ortodoxia.

¿Cómo intenta el entorno de ETA luchar contra este proceso?

Manteniendo la ortodoxia interna: ninguna integración con la vida penitenciaria, actos de protesta, ningún sometimiento a la autoridad y otros actos de rebelión. Esas demostraciones, alentadas y coordinadas por el colectivo de presos y sus correos, se traduce en una cobertura para el preso y su entorno. Así, el colectivo de presos ayuda a las familias de los reclusos sometidos a dispersión con los viajes, les da cobertura legal con abogados afines, les garantiza un empleo y una atención económica al salir de la cárcel, les organiza actos de homenaje mientras cumplen condena… Algo que termina en seco cuando un preso renuncia a esta disciplina interna, momento en el que se inician las presiones y las críticas al preso y su entorno, no sólo en la prisión, sino también en su lugar de origen, a donde volverá sin apoyo alguno cuando cumpla su condena.

¿Qué posición ocupa el Gobierno?

La política de dispersión de presos y aplicación de beneficios penitenciarios se remonta a finales de los 80, con Enrique Múgica en Justicia y Antoni Asunción en Instituciones Penintenciarias. En algunas negociaciones se ha optado por acercar o liberar presos, como sucedió con Aznar entre 1996 y 1999. Con la llegada de Zapatero y el proceso de paz, se inició de forma intensiva la ‘vía Nanclares’ tal y como se conoce ahora, agrupando en una cárcel a todos los disidentes de ETA. A pesar de que el PP criticó desde la oposición la política antiterrorista de Rubalcaba en Interior, Rajoy ha continuado la aplicación del plan del exministro. De hecho, mientras el Gobierno vasco ha acelerado los encuentros entre etarras arrepentidos y sus víctimas, el ministro del Interior se reunió con representantes de víctimas para explicarles el giro del Gobierno en materia penitenciaria.