Fuente: Borja Ventura
Fuente: Borja Ventura

El Mundial de los países que no son países

Existen organizaciones al margen de la FIFA donde compiten territorios no soberanos que reclaman su identidad. Eso sucede a pesar de que la FIFA reconoce más territorios que la propia ONU

 

El fútbol ha vivido en este Mundial un cambio de dinastía, pero no sucedió en Brasil, ni se produjo con la estrepitosa derrota de España frente a Holanda. Tampoco se confirmó unos días después en un partido contra Chile. Se vivió en Laponia, alejado de los focos, en un estadio con capacidad para unas 5.000 personas y enfrentaba a los teóricos favoritos con quienes fueron sus verdugos: Padania contra el Condado de Niza en los cuartos de final de la nueva competición de países sin Estado, el Mundial Conifa.

Padania es el nombre que los soberanistas del norte de Italia dan al país al que aspiran. Recoge toda el área industrial y las prósperas zonas circundantes de Milán, Turín y otras ciudades claves en la economía italiana. Su movimiento nacionalista, la Liga Norte de Umberto Bossi, es particularmente fuerte porque, gracias a su corte conservador de tintes xenófobos, se catapultó al aliarse en sucesivos gobiernos de Silvio Berlusconi. Pero Padania, más allá del discurso independentista de dos décadas, no existe. Como tampoco sus rivales en esta competición.

El peso político ha venido también acompañado del peso futbolístico; de hecho, la selección creció bajo auspicio del movimiento político. Enarbolando su bandera verde y blanca ganó los tres últimos mundiales de países inexistentes que había disputado. Entonces era la Viva World Cup, el torneo estándar de este tipo de reivindicaciones, que levantó en 2008 tras ganar 2-0 en la final al Pueblo Arameo, en 2009 tras imponerse 2-0 al Kurdistán y en 2010 tras ganar al mismo rival, esta vez por 1-0. En 2012, última edición celebrada, decidió no participar, cediendo su trono a los eternos finalistas kurdos, que se impusieron 2-1 en la final a la República Turca del Norte de Chipre.

Kurdos y padanos no son los únicos representantes de territorios no nacionales que participan en estos campeonatos. De hecho, todos ellos y muchos más están afiliados en una federación paralela a la FIFA conocida como NF-Board. En total son 39 selecciones alistadas, entre las que aparecen el Sáhara Occidental, Laponia, el Tíbet, la Isla de Pascua, Cerdeña o Valonia. Incluso Mónaco, que sí está en la FIFA, aunque no juega como selección sino como equipo en la liga francesa.

De las islas a los soberanistas

El primer gran campeonato de este tipo fue el de los Juegos Isleños, una competición futbolística disputada desde finales de los 80 entre islas (además de territorios como Gibraltar) que se centró en el Atlántico Norte y alrededores hasta que hace una década se sumaron territorios de otras latitudes, como Bermuda. Ahí Jersey es el Brasil de la FIFA.

El siguiente paso, con una vocación mucho más horizontal, fue la Copa Elf, que se celebró en 2006 entre ocho selecciones y en la que participaron territorios como Crimea, Zanzíbar, Groenlandia, Gagaucia o Kirguistán. Por aquel entonces ya eran comunes movimientos trasnacionales con territorios de este tipo, como la UNPO (Organización de naciones y pueblos sin representación), que aunque no tiene vínculos con el deporte, sirvió en su día para poner sobre la mesa las reivindicaciones de diversos colectivos, especialmente en lo cultural. Ese mismo año tendría lugar la Copa de la FIFI (Federación Internacional de Fútbol Independiente), entre cinco equipos.

Tras estos ensayos llegaron las Copas Viva, de la que se han disputado cinco ediciones y que tenía previsto volver a celebrarse este año. Ahí fue donde Padania alcanzó estatus de clara dominadora mundial, con un buen puñado de jugadores talentosos como Enoch Barwuah, hermano de Mario Balotelli, una de las estrellas de la selección italiana. Enoch no llegó al nivel de su hermano -de hecho, hizo una prueba en un equipo humilde de la Premier pero no llegó a cuajar-, pero ha encontrado acomodo en el once padano, donde ha podido ganar los títulos que el fútbol profesional le negó.

Bomber veri ❤️❤️🙏🙏 #popolarpage

Una foto publicada por Enock Barwuah 🇮🇹❤️🇬🇭 (@enock17) el

Las Copas Viva han ido perdiendo fuerza con las ediciones. A la última, de hecho, no acudió la supercampeona Padania, que sigue encabezando el ranking oficial pese a ello. Quizá por eso surgía este año un nuevo trofeo, mucho más profesionalizado, que ha vuelto a reclamar la atención de la escuadra norteña.

Pero, como le pasó a España en el Mundial, ser favorito no sirvió de nada. Ellos sí superaron la primera fase con holgura, marcando 23 goles en dos partidos frente a Osetia del Sur y Darfur, pero los cuartos de final les fueron menos propicios. Allí se enfrentaron a los debutantes del Condado de Niza, que se clasificaron segundos contra la potente Isla de Man, que también eliminó en cuartos a los otros favoritos, los kurdos. El regreso padano terminó con un 2-1 en contra en la eliminatoria, que catapultó a los de Niza para doblegar sin problemas en semifinales a Osetia por 3-0 y vencer en los penaltis a quienes les habían ganado en el grupo para hacerse con el nuevo centro mundial de las regiones sin Estado, la Isla de Man.

La tan repetida final de Padania contra Kurdistán dio paso a la final entre quienes les eliminaron. No fue como los cinco goles de Holanda y los dos de Chile, pero el efecto de cambio de dominador ha sido similar.

De momento sólo trece selecciones se han afiliado a esta nueva competición, pero podría erigirse como el nuevo estándar en este tipo de campeonatos a juzgar por el número de nuevos combinados que se han presentado y que no eran habituales de este tipo de citas: repúblicas rusas como Abjasia o Nagorno Karabaj, territorios europeos como Occitania, o equipos de tierras tan lejanas como Laponia o la selección tamil. Eso, añadido a la participación de las dos mejores selecciones históricas y su vocación de crecimiento hacen el resto; de hecho, uno de los equipos que estuvo cerca de acudir a la competición fue el de Cataluña, que finalmente declinó la invitación… aunque podría apuntarse a la siguiente. Falta por ver si otros equipos emergentes se suman a la ola, como Trasnistria, o miembros de la NF-Board, Dos Sicilias, Gozo o el Pueblo Gitano.

¿Por qué surgen este tipo de equipos? La globalización y el fortalecimiento de las instituciones trasnacionales han alimentado el sentimiento nacionalista de muchas zonas del planeta, y el fútbol se ha convertido en una plataforma para dar visibilidad a ciertas reivindicaciones con un fondo menos politizado y más amable. Sucede, por ejemplo, en España cuando la Liga se interrumpe en diciembre y saltan al campo equipos de comunidades autónomas para disputar amistosos contra equipos nacionales que sí tienen licencia FIFA. Pero, ¿acaso la FIFA reconoce a un número insuficiente de equipos? Al contrario: de hecho, hay más territorios participando en competiciones futbolísticas oficiales que reconocidos en la política internacional

Contar países usando a la ONU… o a la FIFA

La cuestión es que hay una pregunta particularmente difícil de responder en lo que a política se refiere: cuántos países existen en el mundo. Según la legislación internacional, un país requiere de un territorio, un idioma y una población, además de un órgano de gestión, autónomos. Sin embargo, en el mundo globalizado actual, con acuerdos supranacionales, modelos de autonomía y tratados de asociación, esas reglas pueden no arrojar una respuesta clara. La clave está en otra variable: el reconocimiento internacional, pero justo ahí es donde entran en juego las rencillas diplomáticas, que vuelven a complicar la respuesta.

Un ejemplo: Taiwán, también conocida como China Taipei, a quien el todopoderoso gigante asiático no reconoce, lo que hace que pocos países del mundo (apenas una veintena) hayan respondido favorablemente, aunque de facto es una nación independiente. La presión china fue tal que hasta en eventos como los Juegos Olímpicos han tenido que usar una bandera y un nombre determinados.

¿No existe un censo oficial? Suele usarse como tal el de la ONU, que cuenta con 193 estados miembros, siendo el último en unirse Sudán del Sur, que alcanzó la independencia mediante referéndum. Pero tampoco es exacto: no figura, por ejemplo, Kosovo, escindida unilateralmente de Serbia en 2011, aunque reconocida por la mayoría de países del mundo (España no lo hace para mantener un discurso de unidad en sus propias cuestiones nacionalistas). Sí están, sin embargo, otros de los pedazos que se desgajaron de la antigua Yugoslavia, como la propia Serbia, que se unió en el año 2000, o Montenegro, que lo hizo en 2006.

La diplomacia del fútbol

Curiosamente hay un censo más extenso de posibles países, el de la FIFA que la NF-Board discute, con 209 federaciones futbolísticas inscritas, 16 más que países en la ONU. A los requisitos de la organización supranacional se unen aquí otros como que el solicitante tenga una liga propia de fútbol y al menos un campo de juego.

¿Y qué territorios acepta la FIFA que no contempla la ONU? Hay algunos que no tienen independencia porque están incluidos en una construcción nacional superior, como es el caso de Reino Unido (miembro de la ONU), que existe escindido en la FIFA como Inglaterra, Gales, Escocia e Irlanda del Norte, o Puerto Rico (políticamente integrado en EEUU, pero con presencia propia en la FIFA).

También se dan casos al revés, como Micronesia (miembro de la ONU), formada por ocho territorios de los que uno está en la FIFA por separado sin estarlo en la ONU (Guam), y cinco están en la ONU sin estar en la FIFA (Islas Marshall, Kiribati, Micronesia, Nauru y Palau). Otra isla de la zona, como Niue, no está ni en una ni en otra, pese a ser un país soberano.

De hecho, hay muchísimas islas de reducido tamaño que prefieren tener representación antes en la FIFA que en la ONU, algo que pasa en otras partes de Oceanía (con las Islas Cook, Nueva Caledonia, Samoa Estadounidense o Tahití) y también en América (con Anguila, Aruba, Bermudas, Curazao, Islas Caimán, Islas Vírgenes Británicas, Islas Vírgenes Estadounidenses, Montserrat, Turcas y Caicos). Los mencionados Juegos Isleños tendrían un gran tirón en ambas zonas.

Colonias y rencillas históricas

Trazar paralelismos entre los miembros de la ONU y la FIFA, aunque no sea nada más que un pasatiempo, sirve para detectar países con más interés en tener estatus futbolístico que político, para seguir a territorios que usan el fútbol como forma de reclamar una identidad nacional y, además, para señalar en el mapa cuestiones espinosas. Por ejemplo, viejos asuntos coloniales en proceso de cerrarse, como que Hong Kong o Macao gocen de estatus especial dentro de China, por lo que no están en la ONU, pero sí en la FIFA. O asignaturas pendientes en Oriente Próximo, como Palestina, que no es miembro de pleno derecho de la ONU, ni un país reconocido internacionalmente -aunque sí reclamado-, pero que sí está en la FIFA. Al menos es un paso que otros territorios como el Sáhara Occidental no han podido dar.

Al revés también hay casos, como el ya comentado de Mónaco, que aunque es un territorio soberano no está en la FIFA porque en lo futbolístico se integra en las competiciones francesas. O el de las Islas Feroe, que cuenta con presencia en la FIFA sin ser más que un territorio autónomo de Dinamarca. O, saliendo de Europa, Saint Kitts y Newis y Tuvalu, que están en la ONU sin estar en la FIFA.

Por todo ello el listado de territorios que ofrece la FIFA sigue sin ser completo (ni ordenado, porque Israel está para ellos en Europa, y Australia en Asia). Retomando el ejemplo anterior Kosovo, que no está en la ONU pese a ser un país de pleno derecho, tampoco está en la FIFA. Y se le podría sumar, además, el caso de dos organizaciones que cuentan con reconocimiento político de Estado aunque no sean un país a los efectos que se suele conocer: la Santa Sede y la Orden de Malta, miembros observadores de la ONU en un ejemplo de cómo las creencias se cuelan en la geopolítica.

Ese sí que sería un buen derby: un partido entre cardenales y antiguos cruzados. Ante todo, fair play.