Fuente: Getty Images
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Zaplana, el hombre de las mil sombras, deja la política

Zaplana deja la política. Pasó de alcalde poco conocido a ministro en 7 años. Ha sido también presidente autonómico y portavoz en el Congreso. Su cara, una mayoría absoluta; sus cruces: Terra Mítica y el 11M.

 

Eduardo Zaplana construyó su carrera política de una forma tan rápida que pocos vieron llegar su ascenso. Ingresó en el Partido Popular desde las filas de UCD, un partido histórico en vías de desaparición tras su derrota con el PSOE, de la que nunca se recuperó.

Entró en el PP desde UCD

Cuando sólo contaba 37 años, este cartagenero de nacimiento y valenciano de adopción política, llegó a la alcaldía de Benidorm, por aquel entonces una pujante ciudad costera al norte de Alicante, hoy en día un núcleo turístico de primer orden internacional.

Estuvo sólo un par de años al frente del Gobierno de la ciudad, a la que llegó gracias a una moción de censura apoyada por una concejal tránsfuga del Partido Socialista. Pero lejos de quedarse ahí, hizo de Benidorm un trampolín para llegar a su siguiente escalón: en 1995 se hizo con la presidencia del PP valenciano tras ganarle el pulso a Pedro Agramunt, histórico político valenciano y ‘residente’ en el Senado.

Zaplana ‘tumba’ a Joan Lerma

Aquel fue el año del cambio en la Comunidad Valenciana, como lo fue en toda España: tras muchos años de Gobierno socialista bajo mandato de Joan Lerma, un poco conocido Zaplana lograba desalojar al PSPV de Levante. El papel de Zaplana conquistando el bastión valenciano ayudó en buena forma a la victoria de José María Aznar frente a Felipe González sólo un año después.

El pacto con Unió Valenciana fue clave para la victoria del PP

El trabajo de Zaplana en la Comunidad Valenciana no había hecho más que empezar: tendió la mano a Unió Valenciana, un partido regionalista no independentista de corte conservador, lo que supuso el inicio de una asimilación ‘de facto’. Aquel pacto no sólo sirvió para conseguir la primera mayoría absoluta del PP en la Comunidad Valenciana, sino que aseguró un vivero de votos muy importante para el partido en el futuro, un vivero del que aún hoy saca sus frutos, con Unió Valenciana definitivamente desaparecida. Su paso por la Generalitat Valenciana marcó un cambio de tendencia muy importante: contratos publicitarios con Julio Iglesias para que fuera la cara de la región, la planificación de Terra Mítica bajo promesa de que no costaría “ni una peseta” a los valencianos (actualmente acumula un enorme déficit), así como el ‘boom’ definitivo de la explotación urbanística del litoral levantino, que llevó a Bruselas a dar un toque de atención al Gobierno de Camps.

La cara del 11-M

La labor de apoyo de Zaplana no pasó inadvertida en Madrid: Aznar premió al aún President con el cargo de ministro de Trabajo y Asuntos Sociales. Zaplana, no obstante, no quiso abandonar la Comunidad Valenciana: empezó entonces un pulso de poder entre él y sus seguidores, apoyados por el núcleo que llegó al partido desde UCD y Unió Valenciana, y un joven y desconocido Francisco Camps, al que seguía una nueva hornada de políticos.

Pero Aznar quería más de Zaplana, así que le nombró Portavoz del Gobierno. Con una presencia mediática cotidiana, la mayoría absoluta de Aznar cuando se presentó a la reelección y toda la provincia de Alicante frenando el empuje de Camps (que en Castellón contaba con la bendición de Carlos Fabra), todo sonreía a un joven talento de trayectoria ascendente.

Entonces llegaron los atentados del 11 de marzo. Zaplana, como portavoz, y Ángel Acebes, como ministro del Interior, fueron los que tuvieron que dar la cara, defendiendo hasta el final la autoría de ETA para que el fantasma de la guerra de Irak no pasara factura y, en último término, respondiendo por la gestión de aquellos días que hizo el Gobierno Aznar.

Del Gobierno a la oposición

Pero Zapatero ganó las elecciones para el Partido Socialista, un duro golpe en la sede de Génova que fue interpretado como un contratiempo temporal. Así las cosas, Zaplana siguió como portavoz del Grupo Popular en el Congreso, ahora con Rajoy a los mandos, mientras Camps empezaba a grajearse la confianza del líder y a multiplicar los logros y los votos hasta el punto de conseguir sacar a Zaplana de las listas por Valencia.

Con la segunda derrota del Partido Popular en las últimas elecciones, muchas voces pedían una renovación interna. Acebes y Zaplana fueron vistos como los que mayor carga soportaron, tanto por sus cargos de secretario general y portavoz respectivamente, como por el tiempo que llevaban dando la cara. Finalmente, Soraya Sáenz de Santamaría, una joven política madrileña, sustituyó a Zaplana, que parecía quedar relegado a ser un ‘diputado raso’.

Para la posteridad quedan las imágenes del Zaplana más político, con una relación personal francamente buena con Alfredo Pérez Rubalcaba en los tiempos en que la crispación parecía asfixiante, como quedan el perfil urbano de Benidorm y la costa valenciana o las deudas que acumula Terra Mítica. Ahora deja la política para pasar al sector privado de la mano de Telefónica.